Hoy me siento sola. Demasiado sola como para que la historia tenga sentido. Me siento tan sola que no tengo ganas de escribir
http://www.youtube.com/watch?v=QSAca2Pu-Wg
Esta es una historia sobre una de esas chicas que no están "bien por dentro". Es su historia desde distintos puntos de vista diferentes, entre ellos, el suyo. ¿Su nombre? Su nombre no importa, tan sólo su historia. Ella, capaz de contagiarte su locura con solo una mirada, de esas que hacen que hasta te hiervan las entrañas. ¿Yo? No soy más que una de sus víctimas. Soy el chico de los domingos.
sábado, 21 de mayo de 2011
miércoles, 4 de mayo de 2011
Un bote de pastillas y una cuchilla de afeitar
Volví a abrir los ojos. Sangre. Siempre supe que tenía problemas, pero no me imaginaba que llegaría hasta aquel punto. Mis compañeras estaban en la universidad, yo me quedé en casa con la excusa de que no me encontraba bien. En realidad era cierto, hacia mucho tiempo que no estaba bien. Otra vez, sangre. Lo tenía todo planeado, dejé cartas para todo el mundo, esperé a que la casa se quedara vacía. Me encerré en el baño con un bote de pastillas y una cuchilla de afeitar, con las pastillas ya no era suficiente. Puse un disco con canciones de rock clásico como The Beatles o The Who, mi disco favorito. Me metí en la bañera y acompañe las pastillas con una botella de Four Roses. Primer corte, ya no había vuelta atrás. A medida que la sangre empezaba a salir yo comenzaba a recordar como había llegado hasta allí. Segundo corte, verano con la familia, todos estaban refrescándose en la piscina del campo, yo me había quedado leyendo, y entonces entró, mi tío, “vamos a jugar a un juego” sentenció. Yo solo tenía seis años. Tercer corte. Viaje de fin de curso con los compañeros del colegio, había ido esperando a que de una vez me aceptaran, me equivoqué, estaba duchándome en las duchas del camping sola, odiaba que vieran mis complejos. Me siguieron. Aún me duelen sus puñetazos. Cuarto corte. Él y su particular forma de destrozarme, yo solo quería gustarle, habría hecho cualquier cosa para conseguir que dejara de verme como siempre, como un polvo fácil. Quinto corte. Mi primer psicólogo, no sirvió para nada.“Para, dios me encanta esta canción” dije en voz alta, nadie iba a escucharme. Me serví otra copa y seguí con mi particular forma de recordar mi vida. La bañera ya estaba llena de sangre y las pastillas empezaban a hacer efecto cuando empezó a sonar, “Perfect Day” de Lou Reed, canté con el poco aire que me quedaba y el esfuerzo me obligo a llorar. Fue la única vez que lloré desde que me había metido en la bañera. Era la guinda para este perfecto final. Exhausta me dormí. Mi momento había llegado.
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