lunes, 14 de febrero de 2011

Adios

Suele beber gazpacho los domingos, da igual que época sea, invierno o primavera. La conoccí un dommingo cualquiera, en diciembre. Ella estaba ahí, con sus gafas de sol en medio de la nada, escribiendo. Tuve la necesidad de hablar con ella y me contó que todos los domingos hacía lo mismo. Así que allí estaba yo, como un tonto, yendo a verla. A veces estaba tan contenta que en vez de escribir sobre chicas que estaban "mal por dentro", como las llamaba ella, se ponía a dibujar elefantes o plantas. De vez en cuando me miraba por encima de las gafas y me dedicaba una de sus sonrisas , de esas que te queman hasta los huesos, mientras me decía "ojala supiera dibujar personas, porque eres un retrato andante" y así nos pasabamos la mañana, el mediodía, la tarde entre juegos y miradas. Sin embargo, también había días malos en los que ni siquiera me miraba, metía la nariz en su cuaderno y no había quien la sacara de ahí. A lo mejor me soltaba alguna pregunta retórica como si en realudad hablara consigo misma. Tan solo me dedicaba un vago adiós al irse, y ya está.
Alguna vez me dejó ver su cuaderno, y aunque ella no lo quisiese admitir, era una de sus chicas, quizás todas. Pero era algo de lo que no solía hablar, hasta ese día.
Me la encontré sin su cuaderno, sin sus gafas rosas y había cambiado el gazpacho de los domingos por una cerveza, seguramente ni la primera ni la última de aquel fatídico día. Me senté a su lado, asustado, no parecía ella, aunque tenía una amplia sonrisa en la cara. Tardó un rato en saludarme.
-Pensaba que ya no venías.
-¿Por qué no iba a hacerlo?
-Anda, vamos a desayunar - Me dijo cambiando de tema mientras cogiamos un autobús que nos llevó bastante lejos de donde solíamos vernos. Estuvimos en una cafetería en la que la conocían. Me pregunté si ellos tambíen sabían que no estaba bien.
Empezó a hablar como si le hubieran dado cuerda. Me contó porque le gustaba tanto el gazpacho, que estuvo en un psiquiátrico poco antes de conocerme, que su oficina estaba por ahí cerca y que por eso conocía aquel sitio. Me estuvo contando su vida sin parar, como nunca antes lo había hecho, hasta que soltó la frase que tanto miedo me daba escuchar:
- Me voy a ir.
-¿Ir? ¿A dónde?
-Aún no lo sé, pero me tengo que ir. Quiero dejar de ser una chica que está mal por dentro y aquí, no puedo dejar de serlo. Te echaré de menos.
-Y yo, y yo.
No pude decir nada más, me quedé callado viendo como se iba. Un beso y adiós, nada más. Cuando volví solo quería ir a un sitio, esperando que ella llegara diciendo que había cambiado de idea, pero me encontré con algo que no me esperaba, su cuaderno con una nota, "esto es para ti, ahora es tu turno". No he vuelto a saber de ella, pero nunca la olvidaré.









Puke rainbows

domingo, 13 de febrero de 2011

Tan solo quería llamar su atención, pero él seguía destrozandola por dentro. No sólo la ignoraba, sino que cuando la hacía algo de caso, era para hacerla daño. Y te preguntarás cómo ella, una chica segura de lo que era, una mujer fuerte, se dejaba tratar así. Pues es sencillo, no es tan segura, ni mucho menos. Es frágil, demasiado. Y él, él la llena aunque sea de mierda. Intentaba hacer como si no le importara, como si no le doliera, pero le quema por dentro. Él es su droga. Necesita alguien así en su vida aunque se empeñe en negarlo. Necesita alguien que le haga pensar que es algo más que pura mierda aunque tan sólo sea un estupido juego de psicología inversa. Necesita su droga, su mierda. Le necesita.
Se despertó con una de sus depresiones matutinas, pero no podía seguir huyendo, así que se vistió y se fue a la oficina, ese sitio que la oprimía hasta dejarla sin respiración. Parecía que todo iba bien, bromeaba, sonreía, todo eso que hacía antes de que llegaran los problemas. Parecía que todo iba bien, hasta que dejó de estarlo. Pasó algo que le cambió la cara de repente, ya no sonreía ni bromeaba. Se montó en el ascensor totalmente tranquila, pero no lo estaba. Destrozó el espejo, se arrancó esa ropa que no le dejaba respirar y los tacones, pues le dolían los pies al avanzar. Se montó en el ascensor siendo una persona presa del contexto y salió siendo alguien totalmente libre. Muchos se sintieron tristes al ver que no fue capaz de adaptarse. Otros sintieron rabia al pensar que se había rendido. Yo, me alegré porque al fin consiguió romper sus cadenas y simplemente, volar.

miércoles, 9 de febrero de 2011

Ella

Aquella tarde se arreglo. Cambio el pijama de felpa con el que llevaba toda la semana por sus vaqueros apretados y aquella sudadera que sabía que le encantaba. Se recogió el pelo y se dirigió a la estación, no le apetecía esperar en casa, y escribió cuentos con ella como protagonista. Al fin se había atrevido a verle después de tanto tiempo huyendole.
Así que allí estaba ella, toda ilusionada esperando a que llamara, pero no llamo. Al final tuvo el valor de llamarle, pero... él no contestó. Contestó otra. ¿Sabes? en el fondo ella sabía que le daría plantón, que ni llamaría, pero allí seguía, esperando a que terminara y la llamara, rezando para que ella solo fuera un juego más. Esperando a que volviera, otra vez, a contarle lo sucedido. Esperando a que algún día se diera cuenta de que ella siempre estaba allí, esperandole. Queriendole