Esta es una historia sobre una de esas chicas que no están "bien por dentro". Es su historia desde distintos puntos de vista diferentes, entre ellos, el suyo. ¿Su nombre? Su nombre no importa, tan sólo su historia. Ella, capaz de contagiarte su locura con solo una mirada, de esas que hacen que hasta te hiervan las entrañas. ¿Yo? No soy más que una de sus víctimas. Soy el chico de los domingos.
domingo, 13 de febrero de 2011
Se despertó con una de sus depresiones matutinas, pero no podía seguir huyendo, así que se vistió y se fue a la oficina, ese sitio que la oprimía hasta dejarla sin respiración. Parecía que todo iba bien, bromeaba, sonreía, todo eso que hacía antes de que llegaran los problemas. Parecía que todo iba bien, hasta que dejó de estarlo. Pasó algo que le cambió la cara de repente, ya no sonreía ni bromeaba. Se montó en el ascensor totalmente tranquila, pero no lo estaba. Destrozó el espejo, se arrancó esa ropa que no le dejaba respirar y los tacones, pues le dolían los pies al avanzar. Se montó en el ascensor siendo una persona presa del contexto y salió siendo alguien totalmente libre. Muchos se sintieron tristes al ver que no fue capaz de adaptarse. Otros sintieron rabia al pensar que se había rendido. Yo, me alegré porque al fin consiguió romper sus cadenas y simplemente, volar.
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