lunes, 18 de noviembre de 2013

Hoy me siento sola. Me levanté sintiendome totalmente independiente, no necesitaba nada de nadie.Pero ese sentimiento no ha durado mucho. En seguida he notado que es todo lo contrario, nadie necesita nada de mi.Es incr.... Es MENTIRA

Renacer

Volví a abrir los ojos, y otra vez sangre y vomito. ¿Qué había pasado? Sencillo, apareció el chico de los domingos a rescatarme. Me quería demasiado como para dejarme ir. Me demostró una y otra vez lo precioso que es tener personalidad propia. Lo maravilloso de dejarte llevar únicamente por ti mismo. La chica de los mil males al fin tiene nombre. Recordó que la realidad está guidada por el absurdo del mundo aleatorio. Y al fin, dejó de llorar, para poder comenzar otra vez a soñar. Guiándose únicamente por lo que la quedaba en este mundo. Ella misma. Y cuando comenzó a perdonarse una y otra vez por sus pequeños errores, al fin se dio cuenta, de lo bonito que es ser feliz de una vez. Y vio miradas asustadas que la miraban con humildad una vez más. Recordó la palabra respeto, dignidad, y ansía. Olvidándose al fin del miedo, el orgullo y la avaricia. Levo anclas hacia un nuevo horizonte de tranquilidad y diversión.
Y a quien no le guste, que se joda.
Adiós Mía, adiós amores trágicos, adiós a todos. Porque no pienso volver atrás nada más que para coger perspectiva y poder seguir corriendo por todo lo que me rodea. Volar en la ladera, sumergirte hasta lo más profundo del agua para poder salir una vez más despedido por el aire, correr al lado de bestias salvajes que aun no han sido dominadas por el miedo. Intentando no perder jamás el respeto.






http://unahistoriasobrelalocura2.blogspot.com.es/

sábado, 21 de mayo de 2011

Hoy me siento sola. Demasiado sola como para que la historia tenga sentido. Me siento tan sola que no tengo ganas de escribir

http://www.youtube.com/watch?v=QSAca2Pu-Wg

miércoles, 4 de mayo de 2011

Un bote de pastillas y una cuchilla de afeitar

Volví a abrir los ojos. Sangre. Siempre supe que tenía problemas, pero no me imaginaba que llegaría hasta aquel punto. Mis compañeras estaban en la universidad, yo me quedé en casa con la excusa de que no me encontraba bien. En realidad era cierto, hacia mucho tiempo que no estaba bien. Otra vez, sangre. Lo tenía todo planeado, dejé cartas para todo el mundo, esperé a que la casa se quedara vacía. Me encerré en el baño con un bote de pastillas y una cuchilla de afeitar, con las pastillas ya no era suficiente. Puse un disco con canciones de rock clásico como The Beatles o The Who, mi disco favorito. Me metí en la bañera y acompañe las pastillas con una botella de Four Roses. Primer corte, ya no había vuelta atrás. A medida que la sangre empezaba a salir yo comenzaba a recordar como había llegado hasta allí. Segundo corte, verano con la familia, todos estaban refrescándose en la piscina del campo, yo me había quedado leyendo, y entonces entró, mi tío, “vamos a jugar a un juego” sentenció. Yo solo tenía seis años. Tercer corte. Viaje de fin de curso con los compañeros del colegio, había ido esperando a que de una vez me aceptaran, me equivoqué, estaba duchándome en las duchas del camping sola, odiaba que vieran mis complejos. Me siguieron. Aún me duelen sus puñetazos. Cuarto corte. Él y su particular forma de destrozarme, yo solo quería gustarle, habría hecho cualquier cosa para conseguir que dejara de verme como siempre, como un polvo fácil. Quinto corte. Mi primer psicólogo, no sirvió para nada.“Para, dios me encanta esta canción” dije en voz alta, nadie iba a escucharme. Me serví otra copa y seguí con mi particular forma de recordar mi vida. La bañera ya estaba llena de sangre y las pastillas empezaban a hacer efecto cuando empezó a sonar, “Perfect Day” de Lou Reed, canté con el poco aire que me quedaba y el esfuerzo me obligo a llorar. Fue la única vez que lloré desde que me había metido en la bañera. Era la guinda para este perfecto final. Exhausta me dormí. Mi momento había llegado.

martes, 26 de abril de 2011

Mia

Era la noche de uno de esos días rojos, y como siempre que tenía un día rojo me escondía en cualquier tugurio a beber hasta que se me olvidaba por qué había empezado a beber. Iba ya por el tercer chupito de tequila cuando la vi, me miraba desde el otro lado de la barra. Mía, tan guapa y perfecta como siempre. Tenía una extraña habilidad para aparecer en el momento menos oportuno. Hice como si no la hubiera visto y fui a por el cuarto chupito. Que ingenua puedo llegar a ser a veces. Cuando me quise dar cuenta allí estaba, a mi lado, mirándome con su media sonrisa, me tenía justo donde quería. Tragué saliva. No podía andarme con tonterías con alguien como ella.
-¿Qué coño haces aquí? Te dije que no quería volver a verte.
-Si, lo dijiste, pero mientes, me necesitas.
-Eso no es cierto, estoy perfectamente sin ti.
-Ya, por eso ya vas por el sexto chupito.-Ni siquiera me había dado cuenta de esos dos últimos tragos.
-Es solo que he tenido un mal día. No tiene nada que ver contigo.
-¿Y el chico del otro día?- Mierda, nunca se le escapa nada, sabía que por ahí podía volverme a pillar. No podía permitírmelo.
-No fue nada, él estaba nervioso, está pasando por una mala época.
-¿Seguro?
-No fue culpa mía.
-Siempre es culpa tuya, pero conmigo nunca te pasaban cosas así.- Tocada. Se me empezó a acercar, cogió mi mano y me llevó hasta el baño y entonces, un beso. No puede volver a pasar lo de siempre. No podía permitir que ganara otra vez. La aparté lo más rápido que pude y corrí hasta la calle, necesitaba un cigarro. Me siguió, no esperaba menos de ella.
-Siempre traes problemas contigo.- Dije sollozando como una niña pequeña al ver que empezaba a romper mis murallas.
-Vamos ni que fuera como Ana.-Dijo riendo. Ana era mucho peor que ella. Sabía como consumirte hasta que no quedara nada de ti, era casi imposible acabar con alguien como Ana.
-Eres mucho peor que ella,- mentía- no quiero acabar como la última vez.
-Acabaste así por no hacerme caso.
-Mia, acabé en un hospital.
-No te das cuenta, yo no soy el problema, soy la solución.
-No me hagas esto.-Rompí a llorar, lo había conseguido, ya no podía hacer nada. Ignoro mi suplica y me volvió a besar, esta vez no pude pararla.

La llevé hasta mi casa, no quería que nadie me viera con alguien como ella, aunque seguramente, algunos ya habían estado con Mía . Cuando me desperté estaba sola con la mano y el suelo lleno de vomito. Mia ha vuelto.







"Mia no es una persona de carne y hueso, no puede verte ni tocarte, pero sabe como conquistarte y como consumirte. Mia son los demonios que me atormentan. Mia es sinónimo de bulimia."

lunes, 14 de febrero de 2011

Adios

Suele beber gazpacho los domingos, da igual que época sea, invierno o primavera. La conoccí un dommingo cualquiera, en diciembre. Ella estaba ahí, con sus gafas de sol en medio de la nada, escribiendo. Tuve la necesidad de hablar con ella y me contó que todos los domingos hacía lo mismo. Así que allí estaba yo, como un tonto, yendo a verla. A veces estaba tan contenta que en vez de escribir sobre chicas que estaban "mal por dentro", como las llamaba ella, se ponía a dibujar elefantes o plantas. De vez en cuando me miraba por encima de las gafas y me dedicaba una de sus sonrisas , de esas que te queman hasta los huesos, mientras me decía "ojala supiera dibujar personas, porque eres un retrato andante" y así nos pasabamos la mañana, el mediodía, la tarde entre juegos y miradas. Sin embargo, también había días malos en los que ni siquiera me miraba, metía la nariz en su cuaderno y no había quien la sacara de ahí. A lo mejor me soltaba alguna pregunta retórica como si en realudad hablara consigo misma. Tan solo me dedicaba un vago adiós al irse, y ya está.
Alguna vez me dejó ver su cuaderno, y aunque ella no lo quisiese admitir, era una de sus chicas, quizás todas. Pero era algo de lo que no solía hablar, hasta ese día.
Me la encontré sin su cuaderno, sin sus gafas rosas y había cambiado el gazpacho de los domingos por una cerveza, seguramente ni la primera ni la última de aquel fatídico día. Me senté a su lado, asustado, no parecía ella, aunque tenía una amplia sonrisa en la cara. Tardó un rato en saludarme.
-Pensaba que ya no venías.
-¿Por qué no iba a hacerlo?
-Anda, vamos a desayunar - Me dijo cambiando de tema mientras cogiamos un autobús que nos llevó bastante lejos de donde solíamos vernos. Estuvimos en una cafetería en la que la conocían. Me pregunté si ellos tambíen sabían que no estaba bien.
Empezó a hablar como si le hubieran dado cuerda. Me contó porque le gustaba tanto el gazpacho, que estuvo en un psiquiátrico poco antes de conocerme, que su oficina estaba por ahí cerca y que por eso conocía aquel sitio. Me estuvo contando su vida sin parar, como nunca antes lo había hecho, hasta que soltó la frase que tanto miedo me daba escuchar:
- Me voy a ir.
-¿Ir? ¿A dónde?
-Aún no lo sé, pero me tengo que ir. Quiero dejar de ser una chica que está mal por dentro y aquí, no puedo dejar de serlo. Te echaré de menos.
-Y yo, y yo.
No pude decir nada más, me quedé callado viendo como se iba. Un beso y adiós, nada más. Cuando volví solo quería ir a un sitio, esperando que ella llegara diciendo que había cambiado de idea, pero me encontré con algo que no me esperaba, su cuaderno con una nota, "esto es para ti, ahora es tu turno". No he vuelto a saber de ella, pero nunca la olvidaré.









Puke rainbows

domingo, 13 de febrero de 2011

Tan solo quería llamar su atención, pero él seguía destrozandola por dentro. No sólo la ignoraba, sino que cuando la hacía algo de caso, era para hacerla daño. Y te preguntarás cómo ella, una chica segura de lo que era, una mujer fuerte, se dejaba tratar así. Pues es sencillo, no es tan segura, ni mucho menos. Es frágil, demasiado. Y él, él la llena aunque sea de mierda. Intentaba hacer como si no le importara, como si no le doliera, pero le quema por dentro. Él es su droga. Necesita alguien así en su vida aunque se empeñe en negarlo. Necesita alguien que le haga pensar que es algo más que pura mierda aunque tan sólo sea un estupido juego de psicología inversa. Necesita su droga, su mierda. Le necesita.